Épica de Alejandro (2)
por Per Jespersen
traducido por
Adriena Varhola
Oh,
nadie ha estado tan feliz como Alejandro. Había aprendido la primera letra del
alfabeto –y amaba al Abuelo con tanta intensidad que no podía dormir. Sueño tras
sueño pasaba por su mente infantil –y obsérvenlo- duerme con una sonrisa en su
rostro, como sólo los niños lo pueden hacer. ¡Qué lástima que no todos los
infantes del mundo sean tan felices como Alejandro!
Un sueño
habita en su frágil mente. Ve al pequeño Samuel, quien junto a su madre fue
arrancado de la vida del Abuelo. Observa que es feliz donde se encuentra ahora
–esperando con nostalgia que venga el Abuelo. Samuel tiene alas en su espalda,
y Alejandro le susurra: “Visita a tu abuelo mañana. Estaré ahí. Lo prometo”.
¡Feliz
Samuel! Otro niño dichoso, pero en el cielo. Es el reflejo de Alejandro, y
fluye una purísima felicidad del cielo a la tierra, y de vuelta otra vez. Oh,
estos sueños divinos con alas, frágiles como una mariposa. Así sucede con la vida:
los sueños deambulando eternamente entre la tierra y el cielo para alegrar
nuestros espíritus.
¿No es
maravilloso? Esto también se refiere a tus sueños. Estos rozan tu mente y
llevan tu dicha y tus sonrisas al lugar de donde provienen. Esto es la eternidad.
Esto es lo que me dijo mi abuelita –y ella era en verdad una mujer muy lista.
Así que
Alejandro regresó al día siguiente al jardín del Abuelo. Trajo su pelota roja y
la lanzó a su prado. Se acercó a la ventana y escuchó una tonada triste que salía
del su cuarto.
¡Oh, qué
triste puede ser a veces la música!
Pero
cuando el abuelo ve los ojos amistosos de Alejandro en la ventana, la melodía
cambia a la escala mayor en su violín.
-Entra,
mi buen niño –dice.
-No me
gustan tus tonadas tristes –dice Alejandro.
-Tampoco
a mí –dice el Abuelo-. Pero el violín es como mi alma.
-Un
espejo de ella –dice Alejandro.
-¡Muchacho
listo!
-La vida
aquí es un espejo de la eternidad –dice Alejandro.
El
Abuelo se sienta.
-¿Cómo
lo puedes ver? Solo tienes diez años.
-Tú me
enseñaste la letra A, ¿no es verdad?
-No. Tú
la aprendiste. Eso es diferente.
-¿Y la
letra siguiente?
El
Abuelo toma una hoja de papel y escribe la letra B.
-Esta es
una B. Así que … veamos … bebé, balón, bonito – B y A.
¡Qué
dichoso se siente el niño! ¡Qué felicidad!
-¡Diantre!
¿Cómo lo puedes hacer?
-¿Y cómo
escribes canciones en un papel?
¡Oh, qué
conversación tan inteligente! ¿Cómo es que Alejandro aprende tan rápido? ¿Lo
pueden creer?
-Yo sé
aprender –susurra Alejandro-. Cuando uno está con las personas que ama, se
puede aprender cualquier cosa.
¡Qué
muchacho tan despierto! Logra penetrar hasta el corazón mismo del aprendizaje.
¡Estoy sorprendido!
Alejandro
se sienta y pide al Abuelo que toque una melodía suave y tranquila en su
violín.
-¿Te
gusta mi música?
-Me
gusta tu alma y sus reflejos –dice Alejandro.
-¡Oh,
cómo puede un niño tan pequeño decir verdades tan profundas!
El
Abuelo se sienta, toma su violín y comienza a tocar lo solicitado. Alejandro
cierra sus ojos y siente que los ángeles vuelan por su mente. ¡Oh, me
encantaría estar con ellos ahora!
Silencio
en sus mentes –susurran porque sienten su amor mutuo. Y miren: un pequeño con
alas en su espalda está sentado en el borde de la ventana.
¡Sí, es
Samuel!
El
Abuelo lo nota y camina hacia él para abrazarlo cálidamente. Sus ojos están
llenos de lágrimas. Está hablando a Samuel, pero nadie puede oír sus voces.
Alejandro
sonríe con felicidad. ¡Qué dicha! Ahora puede aprender sin darse cuenta de que
lo está haciendo. Toma una pluma y un papel, y camina de puntillas para mojar
la pluma en tinta y escribir una B mayúscula en el papel.
Esto es
realmente la felicidad. ¡Imagínense ser capaz de escribir! La B parece ser
amistosa y esmerada. Moja la pluma de nuevo y sigue escribiendo: B – A – B – A.
¡Oh,
feliz de Alejandro!
-Eso es
lo que dicen las ovejas –dice sorprendido.
-¿Qué?
–exclama súbitamente el Abuelo-. ¿Cómo lo lograste?
-¡De la
misma manera como hablaste a Samuel!
El
Abuelo tiene miles de lágrimas en sus ojos. Y las lágrimas pueden manar por
felicidad.
Esto es
lo que mi abuela me contó, y como les dije, ella una mujer muy sabia en verdad.
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